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La labor de los periodistas frente a la desinformación: entre lo personal y lo laboral

By junio 11, 2024No Comments

Mientras pensaba cómo iniciar esta entrada pocos días antes de una elección enorme en mi país, me pregunté si como periodistas hacemos lo suficiente contra la desinformación. Pero, ¿qué implica eso? 

La respuesta es compleja. Por un lado está la parte de realizar un buen trabajo día a día, con datos y fuentes sólidas, desmintiendo información falsa que circula en redes, realizando trabajos que expliquen o den contexto a una situación. Desde esa misma trinchera profesional está el ser transparentes con nuestros procesos y líneas editoriales, explicar cómo realizamos una nota y por qué nos aproximamos desde un lado y no de otro y, si queda tiempo, mostrar a las personas cómo acercarse a la información o utilizar las competencias AMI para tener una mejor interacción con los medios. Sólo eso ya es bastante trabajo. 

Por otro lado, no dejamos de ser periodistas o preocuparnos por la información falsa que vemos a nuestro alrededor justo cuando termina el horario laboral. Es decir, que no necesariamente dejaríamos pasar una información falsa que se viralizó entre nuestras personas cercanas sólo porque no estamos trabajando. 

No me refiero a la fea y conocida frase de “el periodismo no descansa”. Sí, es aceptable que dejes el trabajo donde está el trabajo. De nuevo, me refiero a esos momentos en los que nos topamos de frente con información falsa en nuestro círculo cercano. Más allá de desmentir un hecho, habría que intentar que las personas interactúen de otra forma con la información y contenidos que encuentran: que cuestionen, contrasten, reflexionen. Del lado del periodista está intentar acercar ciertas herramientas o competencias a las audiencias; de las personas, tomar lo que les haga falta para llevar una mejor dinámica con medios, periodistas y redes sociales. 

Al final, es un trabajo conjunto porque así como ser periodistas no se trata solo de seguir leyéndonos o dándonos la razón entre nosotros, sin preocuparnos por cómo llega el contenido a las personas o sólo señalando su desinterés; como sociedad debe haber mayor responsabilidad al momento de consumir y compartir contenidos. En esto segundo podemos ayudar hasta donde nos sea posible y las personas se interesen.  

Un trabajo de oficina

¿Qué sí compete en lo que llamamos “horario laboral»? El ser rigurosos, citar una, dos, tres fuentes o las que sean necesarias para verificar y contrastar la información. Nos toca hacer esa información entendible y accesible para las audiencias. Es un básico que quizás no se debería enumerar pero que siempre es bueno recordar, así como el hecho de que cada persona podrá entender esa información de manera distinta y cuestionarse por qué se eligió una u otra fuente o cuáles son los intereses del periodista. 

Si alguien de mi familia lo hace… 

¿Y una vez que llego a casa? En entradas anteriores hablamos de casos hipotéticos: ¿qué pasa si mi papá o mi tía mandan un video o una cadena con desinformación al grupo familiar y lo leo después de una larga jornada de trabajo? Sí, hay que tomar acción, revisar la información, mostrar fuentes y explicar lo mejor posible no sólo ese caso sino cómo pueden llegar hasta ahí ellos la próxima vez que se topen con esa información. El mismo proceso que hiciste en tu trabajo, pero ahora para tu núcleo familiar y sin que te paguen por ello, esperando que sea algo que tengas que hacer pocas veces hasta que ellos tengan lo que llamamos alfabetización mediática.

Si bien no firmamos ningún contrato que nos obligue, será una decisión personal si colaboramos en nuestro círculo cercano para tener una sociedad que se relacione de esta forma con los medios.  

En medio de la polarización y muchos, muchos intereses

Escribir sobre cómo quisiéramos que fuera la relación entre los periodistas, audiencias y la información falsa parece sencillo y a veces podemos leernos idealistas, cuando en el día a día el trabajo de campo es complejo y de unos años para acá lo ha sido mucho más. En muchos países el discurso político se polariza cada vez más y la discusión parece ir hacia un “ellos o nosotros” y nos encontramos con gobiernos que limitan los derechos humanos, la libertad de expresión y otras libertades. Desde su posición de poder manipulan y tergiversan información. Si bien este es un contexto preocupante en el flujo de información falsa, los casos se pueden dar en otros contextos, incluso en lugares que se autodefinen con una democracia sana y equilibrada. En todo tipo de contextos, los periodistas debemos ir, revisar la información, contrastar y explicar. Otra vez. 

Blancos públicos

Pero hay una imagen más grande que también debemos observar: quiénes están detrás de publicar información falsa o censurar contenidos. No se juega el interés sólo de gobernantes, también de empresarios dueños de grandes compañías y, en algunos casos, del crimen organizado.

Dentro de esa polarización y lucha de intereses, los medios y los periodistas quedamos como otro de los blancos. En países como Argentina, Colombia o México, las y los políticos suelen hablar contra la prensa, incluso cuando llegan al poder. En otros casos  los empresarios toman directamente el control de los medios para sus intereses. En la región nos atacan, censuran, amenazan y asesinan por hacer nuestro trabajo. Todo esto para enterarte a veces de que un vecino o compañero de grupo no cree lo que dicen los periodistas, sino en ese otro contenido que dice lo que ellos quieren escuchar. 

Aún así, toca investigar, contrastar, informar de la mejor manera posible. Luego: ser pacientes y confiar en que cumplimos con nuestra labor como pudimos con lo que tuvimos. Esperando también que las personas a las que nos dirigimos quieran tomar un mejor papel, quizá más activo, en su interacción con la información. 

 

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